Durante algún tiempo mi mujer me iba diciendo que teníamos que ir pensando en pintar la casa. Para mi, mientras se mantuviera dentro del reino de los pensamientos no había problema. Yo lo iba pensando y acto seguido descartaba la idea. Para reforzar esta idea mi mujer me hacía notar algun roce en la pared, pero era como un truco el Mago Pop, ese roce no existía hasta que no era invocado.
Pero llegó el momento en que pasó del reino de lo imaginario a aterrizar como propuesta formal.
«De este año no pasa, tenemos que pintar» Mi respuesta fue hacerme el muerto como si fuera una zarigüeya, pero no funcionó.
Decidimos llamar a un pintor profesional recomendado, muy limpio, rápido y bueno. Lo primero que me sorprendió es que se ve que solo trabaja las semanas en que hay superluna, porque tardó como dos meses en venir a hacer el presupuesto. Dos meses más tarde nos lo hizo llegar. A cada interacción con él yo salía con la camara para echarle fotos a la luna.
Mi piso tiene casi 60 metros utiles, el presupuesto era 2200€. Le dimos las gracias por participar, nos despedimos hasta la próxima superluna y decidimos que pintaríamos nosotros.
Lo primero era comprarlo todo. Abrí Amazon y sin saber que estaba haciendo compré un par de cubetas con tobogán para que los rodillos pudieran jugar allí, un par de rodillos, habían varios modelos así que ni muy baratos ni muy caros. Cogí unos que tenían una raya amarilla en espiral que le daba un toque elegante.
Añadí unos pinceles planos de diferentes tamaños, mango ergonómico, la comodidad es importante.
Luego pase a calcular cuantos metros de casa tenía que pintar. Mis calculos eran sencillos largo por ancho de cada techo, largo por alto de cada pared multiplicado por dos que eran las manos que quería pintar y me salieron 14600 m2. Por un momento todo parecía normal hasta que mis neuronas volvieron a darse la mano y me di cuenta que no quería pintar el Camp Nou, volví a recalcular y ahora si que no salieron números de vivienda de futbolista.
Yo habría ido al Leroy Merlin a comprar la pintura pero me dijeron que no, lo mejor era ir a Pinturas Corbacho, profesionales, buenos precios y una atención inmejorable. Cuando no se algo yo sigo las recomendaciones como si fueran ordenes de un ser superior.
Lo primer fue encontrar la tienda. Tu miras en Google maps y te indica una dirección, vas a la dirección y hay una portería. Google maps insistía en que tenía razón, la realidad insistía en llevarle la contraria. Por casualidad vi atado a una farola un cartel de los que te esperarías que dijera que alguien compra oro o tu coche al contado. Pero indicaba que si buscabas a pinturas corbacho tenías que pasar a un callejón que justo se acababa de materializar ante nosotros.
Comprar pintura solo es para gente de alma pura, el acceso solo se habilita si eres merecedor.
Entre en el callejón, baje una rampa que si fuera un poco más pronunciada se consideraría salto de fe y llegué al parquin donde los sueños se hacen realidad. Era como si hubieran construido una nave industrial debajo de un edificio.
Se acercó uno de los empleados
- Quiero pintar mi casa
- Cuantos metros
- Todos
- Que cuantos metros de pared quieres pintar
- 145 m2 contando los techos – le especifiqué para que viera que soy un profesional y que además mi casa no era descapotable.
- ¿Habías pensado en colores? – Esta pregunta es más profunda de lo que parece. ¿Estás seguro que piensas en colores?
- No, lo queremos todo blanco
- Más facil – Hizo una serie de calculos mentales y bajo dos bidones de pintura blanca. Cada uno pesaba como si incluyera un pequeño pintor dentro para ayudar a la faena.
Camino a casa pensaba que pasaría por encima de un bache, los bidones se abrirían y los gnomos pintores que contenían serían liberados pintando todo el maletero. No paso nada, subí el primer bidón a mi cuarto piso sin ascensor pensando que el asa que lleva los bidones no está pensada para transportar nada que pese más de 600 gramos. No es que se clave en los dedos, es que te separa las articulaciones de los nudillos.
Una vez que todo estaba allí tocaba la preparación. Prepararse para pintar implica que tienes que vaciar los armarios para reducir el peso lo suficiente para que al moverlo no se desmonten como si estuvieran hechos de naipes. Teniendo en cuenta que algún armario era del Ikea esto implicaba quitar hasta las pegatinas de dentro.
Al no tener un segundo piso donde dejar las cosas, de pronto en mi casa habían armarios vacíos y su contenido encima de todos los sitios cubierto por sabanas.
Luego hay que forrar cosas. Empezamos forrando marcos de puertas, enchufe, interruptores, zocalos, la perra. La cinta de pintor o como creo que se llama cinta de carrocero es como si la fabrica de post-it decidiera utilizar los defectuosos para hacer una tira de papel que engancha no por el pegamento que lleva (que es prácticamente inexistente) sino por gravedad. Eso si es buena, porque compré dos rollos extra en un bazar debajo de mi casa y estás no es que se pegaran simplemente se posaban en la superficie a tapar.
Luego el acto de pintar. Aqui contamos con la ayuda de mi padre. Para ser realistas nosotros lo ayudamos a él. Pintar va bien los primeros 10 minutos, luego empiezas a notar el rodillo con pintura pesa. Además del peso hay que tener en cuenta que no puedes apretar el rodillo contra la pared porque deja de girar pero si no aprietas suficiente gotea demasiado. Además el rodillo no cubre hasta las esquinas, aquí entra en juego los pinceles. ¿Que sucede si quieres pintar de dos colores diferentes? En algún punto los dos colores se tocarán, en este punto hay que usar un pincel, pero ¿Qué pincel? ¿Debo usar un pincel fino que me de precisión? ¿Me la juego con uno más grande y mi pulso de cirujano para avanzar más rápido? Bueno pues mi pulso no es de cirujano. Al pintar un color manchaba el otro, reparaba el segundo y rozaba el primero que al quitar la rozadura aparecía el color del primero en el segundo. Tarde lo mismo en esa esquina que mi padre en tres paredes.
Mi mujer estaba en todas partes, lo mismo estaba fregando las gotas que caían, que estaba pintando con pinceles que iba encontrando, comprando una lampara. Si querías saber donde estaba sólo tenías que prestar atención y se la podía escuchar una cancion con poco ritmo que no paraba de cantar:
- Quereis tener cuidado que no caigan gotas o avisadme que luego se secan y hay que rascarlas.
En dos días pintamos el piso entero, cambiamos una lampara y tres interruptores y nos ahorramos 2200 euros. Quizá perdimos unos años de vida y mi espalda nunca fue la misma pero, ahora miro los paredes y las siento más mías, sobre todo la esquina esa que no hay que mirar demasiado donde se juntan los colores
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