Los niños me «encantan», básicamente me encanta que los tengan los demás.
Yo nunca fui muy niñero, ni cuando yo era un niño era niñero. Era lo que se llama un niño viejo. A mi me preguntaban: «¿no te gustaría un hermanito?» y yo contestaba: «si pero que sea gemelo».
¿Un pelín repelente?
El caso es que hace poco pudimos ir con unas parejas de amigos que ya han cumplido su labor con la sociedad aportando pequeños diablillos.
Lo primero que llama la atención es la capacidad de los niños para escurrirse, es como pescar anguilas con las manos desnudas. Tu llevas un niño de 3 o 4 años en brazos, el tío ve el suelo y a otros congéneres bajitos y empieza a patear, empujar, se nota que no piensan demasiado. Si pensaran se darían cuenta de que están a una altura que les dobla la suya propia. Si a mi me levantan del suelo 4 metros tú no te preocupes que ya me cuidaré yo mucho de facilitarle al que me cogiera el que me tuviera no vaya a ser que me suelte. Pero ellos no, desafiando la muerte se tiran de cabeza contra las piedras, la suerte que tienen es que las piedras se apartan, los niños son pequeños Atilas, allí por donde pasan no vuelve a crecer la hierba… ni vuelven a aparecer los perros, ni vuelven a estar las paredes blancas.
He de decir que normalmente yo no cojo un niño en brazos salvo que se haya caído y haya de devolverlo a la posición vertical para que siga corriendo. No los cojo en brazos porque no sé. Yo necesito que las cosas tengan asas, mangos, o algo parecido para izarlos, y los niños no traen nada de eso. Es más tu los coges de los brazos y aparece alguien que te dice: «NOOOO de los brazos no que los tiene tiernitos» como si tuviera pensado comérselos y tú se los fueras a estropear.
Además cuando te juntas con un amigo que tenga nenes te das cuenta de que mantener la amistad va a costar un rato, porque hablar con ellos es todo un desafío al intelecto, vamos que leer a Purcel es más sencillo. Tú hablas con un amigo con niños y la conversación va más o menos así:
- Bueno y ¿que tal te va la faena? ¿todavía sigues en la empresa aquella de metales?
- Si, la verdad es que NO CORRAS, VEN AQUI…
- …
- Ah si los metales, los metales NO TE LO COMAS
- … no suelo comerlos
- SUELTALO el trabajo bien. VEN AQUI… A LA UNA… A LAS DOS… y ¿tú que tal?
- Bueno pues ahora trabajo de sicario para un cartel colombiano de narcos, esta mañana mismo he tenido que matar a uno – le puedes contar lo que quieras que la respuesta siempre será.
- Que bien, aprovecha ahora que no tienes hijos.
Estar con tantos niños me hizo pensar cuando mi sobrino era pequeñín.
Cuando lo conocí no era mi sobrino todavía, es el sobrino de mi mujer. Pero bueno el caso es que fui viviendo las etapas más curiosas de los niños como el «del porqué». Tú lo llevabas en tren y salía la voz de «Próxima parada Maçanet-Maçanas» y el comenzaba el interrogatorio de la inquisición:
“¿Que es esa voz? ¿Como sabe la estación que viene? ¿Va sentada delante? ¿Como se llama la mujer?”
Acabas contándole que la señora se llama María, felizmente casada con el conductor del tren y con tres hijos que eran los revisores.
Aunque lo mejor era la discreción que tenía, tú te lo llevabas a comprar ropa y se quedaba de pie delante de la dependienta (especialmente si tenía el pelo rizado) y mirándola fijamente le decía:
- “Eres muy guapa, ¿quieres casarte conmigo? ¿Quieres ser mi novia? ¿A que es guapa? – y me miraba. Me miraba la chica sabiéndose guapa y yo me ponía como un farolillo de feria.”
- Sisisisisi, vamos a la sección donde despachen hombres.
Una cosa curiosa es la manía de catador compulsivo que tenía, tu le dabas algo de comer y en vez de llevárselo a la boca se amorraba para poderlo oler. Si el olor no le convencía, nada que te lo comieras tu si te hacía gracia. Pero si iba por la calle y pasaba alguien con colonia allá que se iba a olerlo, era como el del perfume, eso si sin matar a nadie.
Interesante era verlo cual pastillero de discoteca bailando el «Ettati Ettano» (Extasi Extano) culpa de su tía que le introdujo en senderos de la maquina. Una vez que había bailado el Ettati Ettano ya era capaz de bailar hasta la música del telediario. Viendo todo esto todavía me sorprendo que haya gente que me pregunte porqué todavía no tengo churumbeles.
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