Los mendicantes

Los mendicantes desde siempre son los que más me han llamado la atención de toda la fauna que viajamos en metro. Están muy profesionalizados y sectorizados.

Hay veces que en el mismo vagón han coincidido dos de colectivos diferentes y la tensión se palpa en el ambiente, podría comenzar a sonar música de western y no desentonaría nada.

Vamos a ver los diferentes colectivos

No pido ni pa drogas ni pa vicios.

Posiblemente este sea el comienzo del fenómeno mendicante. Antes de él no hubo ningún otro y sería como los «Rolling Stone» de los pedigüeños, nunca pasan de moda.
De aspecto desaliñado, mirada perdida y voz rota, muy rota es como si Sabina hubiera hecho un dueto con Manowar.
Además suelen ir con los brazos descubiertos, aunque nieve en la calle, para que todo el mundo pueda admirar los bonitos tatuajes que se hicieron en su época de la cárcel, alguien debería incluir talleres de tatuaje en las prisiones, ¡QUE DIBUJOS! Pienso quejarme a la administración por dejar entrar a niños de 5 años a las prisiones para hagan esos tatuajes.
Este tipo de mendicante suele amenizar su discurso con frases como:

«No quiero verme obligado a robar» lo que sería un buen propósito para año nuevo, «este año no voy a robar» y debe ser como dejar de fumar el hacerlo publico ayuda a dejar la adicción.

«Vendo estos pañuelos por necesidad» No está mal lo de vender pañuelos pero hay que tener claro que la unidad indivisible sería un paquete de 10, porque el otro día uno me intentaba vender los pañuelos de papel sueltos.

Músicos.

Este otro colectivo mucho mas especializado que el anterior esta casi compuesto íntegramente por rumanos, bosnios, rusos y siempre con acordeón.
Los niños en España aprenden flauta y en la Europa del Este acordeón, porque sino no me explico como es que tantos que vienen aquí saben tocarlo.
Mientras que el anterior grupo (el que no pide pa vicios) siempre suele ir solo, el colectivo de músicos suelen ir en grupo. Cuando se agrupan uno tiene que dejar el acordeón y coger una pandereta de las que se le regalan a los niños para navidad y marcar un ritmo, y digo un ritmo porque marca el que a él le parece bien.
El tema estrella es un vals que cada uno de los integrantes de la banda interpreta a una velocidad diferente y el de la pandereta lo convierte en una bulería, a veces pienso que el de la pandereta está rebotado porque no le dejan tocar el acordeón y va a reventar la actuación.
Después está la pareja que va ella cargando un amplificador con un discman conectado y él con una guitarra con armónica incorporada, en el peor de los casos ella lleva una pandereta. La canción en este caso no es un vals sino «My heart will go on» de Celine Dione, la chica hace lo que puede y donde no llega su voz lo hace la pandereta, el chico toca muy suave no vaya a ser que se oiga lo que hace por encima de la música del CD. Por ultimo lo más bestia que he visto nunca es un grupo de unas 15 personas indias en la plaza Cataluña, todas tocando a la vez instrumentos indios, indios de India, vamos que parecía la canción del «delpita» pero cada uno tocaba una canción diferente, se acabó escapando hasta el que vende 10.000 pilas alcalinas por un euro.

No tingo trabajo. Y por ultimo mis favoritos. Las mujeres que vienen de los países del este, son las mejores. Tengo la teoría que al llegar a España el cambio de clima les provoca que se les rompa el potenciómetro de la voz y el control de graves y agudos, porque no es humano lo que dicen «Viiiingo de la Bosniiiiiia Izirgobiiiina, No tiiiingo trrrabajo no tiiiiingo diiiinero, poooor favooor» y vuelta a comenzar.
El tono es como si alguien hubiera hormonado a los BeeGees para convertirlos en mujeres, esa voz se te mete el cabeza y no sale, espero que nunca ninguna de estas mujeres se encuentre con los músicos y decida cantar la canción de Titanic sino ese día si que me compro la bici

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