Perdonavidas de supermercado

¿Quien hace el «casting» para cajera de supermercado?

Es que viendo a algunos especímenes que hay sueltos por estos mundos de Dios no puedo más que pensar que es la misma persona para diferentes cadenas de supermercados y que sufre de alguna sociopatía que bien le habría podido llevar al vandalismo callejero, pero le dio por contratar chonis para hacer de cajeras.

La que habita en la caja del supermercado más cercano a mi casa es especial, si hubiera un ejercito de chonis esta sería mínimo generalísima. Vamos que le pones un poco menos de bigote y es clavadita a un hombrecillo que estuvo por España hace unos años.

Ella ejerce su dictadura desde detrás de la cinta transportadora de la caja. En los días de más clientela si las mujeres de la cola se repartieran el maquillaje que lleva en la cara todavía daría para maquillar a un par de perros.

Pero lo peor no es el caparazón de L’Oreal que lleva encima sino la mirada. Es una mirada de «Pobre mortal hoy comerás por mi bondad», y es curioso porque no se como puede una chica que no levanta un metro y medio del suelo mirarme por encima del hombro, pero esta lo hace. Es más diría que no es que mire por encima de mi hombro, es que mira a través de mi.

Claro y como no mira pasa lo que pasa, tú vas con cuatro yogures y una lechuga (nunca comáis esta combinación junta que sienta muy mal) y cuando llegas a que te cobre te cobra hasta lo que hay tres carros más atrás… y no le pidas que corrija.

Más te vale que tengas un detalle con tus vecinos y le pagues la compra, porque corregir lo que dice una máquina con tantos botones es como corregir la orbita terrestre. Primero viene lo de «Pero es que me tienes que separar bien la compra que si no yo no veo» después viene lo de «bueno y ahora que hacemos porque ahora corregir esto», yo que soy hombre de pocas palabras me dan ganas de sentarme en la bandeja de la caja y ponerme a comer un yogur o coger los cuatro utilizarlos como nutriente de pelo para ella y un bonito sombrero de lechuga pero me espero y le digo «que tal si borras la cuenta y me vuelves a cobrar la lechuga y los yogures”.

Pero eso es imposible, el supermercado es una metáfora de la vida cada acción tiene sus consecuencias y se cumple a la perfección lo del efecto mariposa. Tras un rato de mirarte con cara de «eres un triste, miserable que me estás haciendo trabajar» dice eso de «Ahora tengo que avisar al encargado» que al rato viene con un manojo de llaves que mete en la caja registradora para anular la última compra, mientras los de la cola (que ya llega a la charcutería) te miran con cara de estar planteándose que muy pronto se quitaron lo de las ejecuciones públicas.

Cuando por fin consigo salir del supermercado con mis yogures (que en este punto están al borde de ponerse malos del rato que han estado fuera de la nevera) y mi lechuga ya mustia solo tengo una idea en mente «QUEMAR EL SUPERMERCADO».

Otro momento estelar es «la visita del novio». Cuando estás en la cola y sólo queda una persona por delante aparece «EL NOVIO». Lo reconocerás porque de entrada es alguien que lleva suficiente oro colgando de las orejas como para que le cuelguen los lóbulos hasta la altura de los hombros, el pelo lo lleva estilo mohicano o «te voy a cortar el pelo con prisa que me esperan para comer» y al llegar la besa apasionadamente y empieza una entrañable conversación:

  • E quedao con el borja para ir al area este güiquen
  • pero si en el área estuvimos ya, yo pensaba que iríamos solos a comer por ahí
  • comemos en casa de tus viejos
  • pero si están en casa
  • …hmm… bueno yo e quedao con el borja para ir al area este güiquen

Y vuelta a empezar porque tienen la capacidad resolutiva de un mejillón de granja y mientras no intentes toser para hacerles notar tu miserable presencia, porque entonces: «Espera que les cobro a estos y hablamos del Borja», que al final no sabes si es mejor que te cobre o enterarte de si van con el Borja o no…

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