Clavado en un bar

Cuando Maná cantaba la canción de Clavado en un bar en realidad no se refería a que lo hubiera dejado alguna chica, lo que pasaba era que la camarera lo ignoraba.

Vengo ahora mismo de comer en un bar de esos en los que podrías bailar una polca loca sobre la mesa y la camarera no se dignaría mirarte.

Que me ignoren las chicas es algo de lo que aprendí bastante cuando estaba soltero, pero en mi inocencia yo creía que cuando te metes en un bar algún tipo de interés despertaría, aunque solo fuera por un interés egoísta por mi dinero.

El primer indicio que tiene que hacerte pensar que vas a ser ignorado como si de un apestado se tratara es si la camarera te mira como si se acabara de bajar de una pasarela para atender unas mesas. Esa mirada que significa «Tendrían que estar pagando solo por poder mirarme». Si es la única camarera del restaurante te puedes pudrir antes de que te asigne una mesa, se han dado casos de chicos que perdieron la articulación de las rodillas del rato que estuvieron de pie esperando que se dignaran a llevarlos a la mesa.

Una vez sentado da tiempo de seguir una partida de ajedrez entre dos rusos de 93 años y ver como acaba antes de que traigan la carta. Lo que suele pasar es que uno ya sabe lo que quiere porque lo ha visto en la pizarra de fuera del bar, si se acercara la camarera se le podría pedir directamente pero es que las cartas las tira como si fueran estrellas ninfa desde la otra punta del bar.

Cuando viene con la libretita dice: «Bebidas». Y dices «Una agua, dos coca colas, un poco de vino y de primeee…..”…ya se fue. Solo se apuntan bebidas. Normalmente las bebidas las suelen traer rápido, como no suele implicar mucha preparación. Con las bebidas suele llegar también el pan. Desde que llegan las bebidas y el pan hasta el primer plato suele pasar tanto tiempo que no es sólo que se caliente la bebida sino que el pan fermenta más y se han dado casos que la levadura ha fermentado tanto que de una rebanada ha salido una barra de medio (de ahí que te cobren 2 euros por cuatro rebanadas).

Si van varios a comer la camarera escoge a uno y es como si le pusiera el cartelito de «a ti te odio» y le trae la comida mucho más tarde que a todos los demás, se la trae cambiada o directamente no se la trae. Cuando llega el segundo plato ha pasado tanto rato que del primero no queda ni la digestión. Al que decidió odiar en el primer plato todavía sigue torturando trayéndoselo todo mucho más tarde que los demás.

Para los postres viene la camarera y dice: «de postre tenemos heladodefresvainillchocolatemusdechocolatyogu y fruta del tiempo ¿Que queréis?» y te dan ganas de pedir «otra camarera» pero no, pides un yogur y rezas para que en el churro ese que ha dicho una de las partes fuera yogur. Y yo como soy tonto, después de todo esto pago y me voy con ganas de decirle: «Abrázame porque será la última vez que nos veamos».

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