Yo, que soy una persona tranquila, necesito empezar los días de forma sosegada, con tiempo para mis cereales, alguna galletita y un café (no pido que sea de cafetera, con un Marcilla soluble soy feliz).
¿Cuántos días soy capaz de conseguir esto? Ni uno solo, todos los días me peino mientras me pongo los pantalones, me tomo los cereales sin leche y cuando me doy cuenta de que algo me falta me tengo que tomar la leche sola para conseguir despegarme los cereales de la garganta, cuando no me voy colocando la corbata mientras bajo las escaleras con la mochila en la espalda, unas llaves en la mano (que no necesariamente tienen que ser de casa, pueden ser de cualquier sitio porque con las prisas algún que otro día acabo cogiendo las llaves de mis padres pensando que eran las mías, la solución poner todas las llaves en el mismo llavero e ir como si fuera un sereno por la calle, bueno también está la opción de olvidárselas)
Si a todo esto le juntamos la mala convivencia que tengo yo con mi despertador juntamos que hoy ha sido un despertar horrible.
Durante un tiempo me ponía un móvil que tengo sin tarjeta para hacerme de despertador pero como todo el mundo comenzó a decir que dormir con un móvil en la habitación provoca mutaciones, alteración de los sentidos y el crecimiento de pelos en las orejas decidí que iría castigado fuera del cuarto.
Tenía un despertador analógico, usease de esos con tres palitos que marcan las horas, pero apagarlo era muy sencillo, en seguida mi subconsciente se aprendió donde estaba la palanquita y lo apagaba mientras yo dormía.
Me compré un despertador digital que para apagarlo hacía falta una combinación de teclas, el caso es que, no sin esfuerzo por su parte, mi yo dormido había conseguido apagarlo. Pero hoy se ha superado. En un alarde de habilidad proporcional a la que me falta despierto, mi yo dormido ha conseguido apagar el despertador, cambiar la hora y cambiar la hora de la alarma. Así que cuando me he despertado y he visto que eran las 12 de la mañana he tenido un grupo de emociones que han subido del estomago y amenazaban con explotar en el pecho. He entrado en crisis.
Ya no sabía nada, buscaba las camisas en el cajón de los calzoncillos, casi me pongo calcetines blancos con pantalón de pinzas, he cogido zapatos diferentes, he abierto el mismo cajón unas seis veces esperando que por arte de magia fuera apareciendo las diferentes partes de ropa. No quiero ni pensar lo que he metido en la mochila del gimnasio… por que la toalla me la dan en el gimnasio que si no me veía secándome agitándome como los perros.
Casi reviento los bajos del pantalón al ponérmelos, porque con las prisas se me han enganchado los pies en las costuras.
Todo esto para llegar al comedor y mirar otro reloj y ver 08:12. He vuelto a la habitación con paso comedido. He cogido el despertador y tentado he estado de hacérselo llegar a mi vecino, pero me he contenido. Me he contenido y tranquilamente lo he dejado sobre la mesa boca abajo, cosa que no le ha gustado porque ha comenzado a pitar y al ir a verlo ya tenía la hora correcta. Si un despertador puede tener una expresión burlona tiene que ser muy parecida a la que tenía mi despertador… Hoy me compro un despertador y, aunque no sea muy ecológico, lanzare el mío al contenedor del cristal a ver si le revientan esa pantalla de chulo que se le ha quedado.
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