Ir en coche por Barcelona tiene la misma diversión hacer cola en un lavabo publico cuando tu vejiga ocupa la mitad de tu barriga, pero moverse por Cataluña sin coche es prácticamente imposible, después de intentarlo hace unos años he llegado a la conclusión de que el camino de Santiago lo inventó alguien que se cansó de esperar el autobús.
Hace algún tiempo, cuando yo no tenía carné de conducir, decidimos ir a pasar unos días a un pueblecito al lado de la Molina llamado Castellar de N’Hug, donde está el nacimiento del río Llobregat, que aunque parezca mentira no nace contaminado sino que va mutando según avanza.
Buscábamos un remanso de paz porque llevábamos muchos días durmiendo mal por culpa de la arpía de mi vecina que no descansaba en su empeño de hacernos ver las bondades de no dormir.
El caso es que me informé de cómo llegar y solo hay una compañía de autobuses que lleguen al pueblo desde Barcelona, les llamé y me indicaron que no se podían comprar billetes de forma anticipada, en el mismo autobús el conductor me los vendería.
Así pasaron los días hasta llegar al sábado, día que nos íbamos a ir. Sin saber porqué volví a llamar a la compañía para que me confirmaran la estación de salida del autobús, la conversación fue algo así, en cursiva he puesto lo que seguro pensaba la tele operadora
- Hola buenas, solo quería que me confirmaran de donde sale el autobús con destino Castellar de N’Hug
- Siento informarle que ese autobús solo circula de lunes a viernes.
- …
- Señor
- Me dijisteis que el sábado salía uno
- Siento informarle que ese autobús solo circula de lunes a viernes.
- Pero yo he hecho una reserva pagando un hotel
- … (como si te quieres comprar una casa) Lo lamento señor, pero siento informarle que ese autobús solo circula de lunes a viernes.
- ¿Y ahora que hago?
- (Cómprate un coche y vas al pueblo) Solo sale un autobús a Castellar desde Manresa a las 15h
- Así que acabamos de hacer las maletas y salimos hacia Manresa en tren.
Después de una hora en tren llegamos a Manresa, pero como nuestro autobús no salía hasta las tres hicimos un poco de turismo por un barrio nada turístico de Manresa hasta llegar a un Pizza Hut donde comimos.
A las tres salió nuestro autobús, que tranquilamente llevaría 40 años de servicio.
Los pasajeros se fueron bajando hasta el punto que en el pueblo de La Pobla de Lillet. Solo quedábamos nosotros dos, el conductor paró y nos dijo, “Bajaros aquí que como solo quedáis dos yo me doy la vuelta y ahora mando que venga un turismo pequeño a buscaros”.
Nos bajamos del autobús con la única idea de que “somos tontos y todo el mundo lo sabe”. Parados en el arcén de la carretera sentados en la maleta, esperamos hasta que al poco rato llegó un Land Rover y nos recogió.
En el coche ya viajaba el conductor y “las hermanas de oro”, así que nosotros no cabíamos en la zona habilitada para los humanos. A nosotros nos sentaron sobre un tablón de 10 cm. en el maletero. El tablón estaba muy alto yo no cabía, por lo que tuve que ir todo el camino con el cuello doblado y la cabeza hacia delante.
Durante todo el camino el conductor se esforzó por ir amenizando el viaje contándonos la historia del lugar y los paisajes, pero de poco sirve esto cuando lo único que ves son tus zapatos.
Al llegar al pueblo, más que bajarme me desencajaron del coche con las marcas del techo grabadas en mi nuca y con unas nauseas de las que te sacan la comida hasta de los intestinos.
Con una sensación parecida a la que tendría Armstrong al pisar la luna fuimos al hotel llegando con el tiempo justo para escuchar a la dueña decirnos que como habíamos tardado tanto había alquilado ya la habitación a otra pareja. La mujer al ver como se nos llenaban los ojos de lagrimas nos dijo: “Bueno tengo una habitación que no es muy amplia pero puede serviros.” No ser muy amplia es muy ambiguo, la puerta no se podía abrir bien porque chocaba con la cama, los que colocaron la cama ahí seguro que se dedican a meter barcos en botellas porque estaba encajonada entre dos paredes con lo que la única forma de entrar era saltando desde los pies de la cama, pero bueno era a lo mejor que podíamos aspirar.
Como no nos quería que nos pasara lo mismo a la vuelta, le preguntamos a la mujer del hotel que nos dijera donde teníamos que coger el autobús para volver a Barcelona, la hotelera nos dijo que de eso se encargaba la señora María que vivía enfrente.
La señora María, resulto ser una mujer de unos 256 años, más bien sorda. Cuando conseguimos hacernos entender y a la vez estar afónicos durante varios días nos dijo que tendríamos que estar a las 6 de la mañana del domingo en la plaza del pueblo para que un turismo pequeño nos llevara a la Pobla de vuelta, en ese momento si me hubieran vendido una casa me quedo a vivir allí.
Después de dar una vuelta por la montaña llego la noche y nos retiramos a descansar a nuestra habitación “no muy amplia”.
A eso de las once de la noche un rayo rojo entró por la habitación. Viendo como iba el día, me hubiera creído más que un ovni hubiera venido. Fue mucho más sencillo, era la fiesta mayor, así que había un hombre con un Casio y tres focos castigando a la población.
Estuvo tocando hasta las cuatro de la mañana, justo bajo nuestra ventana, con unos focos que harían de un faro una luz de ambiente.
Una hora más tarde nos levantamos y preparamos todo para estar a las 6 en la plaza. Llegó el LandRover de nuevo con las “hermanas de oro” que estoy convencido estaban cosidas a la tapicería.
Me metieron a rosca sobre el listón otra vez y en la Pobla me descargaron con las maletas. A las 6.30h en un pueblo de montaña hay una animación bestial, así que fuimos al único bar abierto a tomar un café, pero el buen hombre nos dijo “No se puede entrar con maletas”. Hay un punto en la mente de un hombre que vas pasado de vueltas y todo te parece normal. Que en ese pueblo trataran a las maletas como si fueran perros era la cosa más normal del mundo. Si me hubieran dejado le habría pedido un platito de leche para la maleta y unas galletitas para el neceser de mano, pero como no nos dejaron nos tocó esperar al autobús a la intemperie (nunca podré agradecerle suficiente a ese hombre el constipado que pillé) Cuando por fin llegamos a casa, estábamos de todo menos descansados y cuando esa noche, nuestra amantísima vecina decidió remodelar el comedor nos seguimos acordando de sus familiares más cercanos pero decidí que tenía que sacarme el carne de conducir YA.
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