La verdad es que no soy el primero que escribe sobre este fenómeno social que es intentar leer o viajar al lado de alguien que lee, pero creo que últimamente esto ha evolucionado mucho con la llegada de los periódicos gratuitos de los que hablaré mas adelante.

Primero me centraré en los viajes que se hacen cuando uno no tiene nada que leer, cuando esto pasa uno se pone a mirar los nombres de las estaciones, la distribución de los bancos, a la gente que viaja junto a uno, con el peligro que supone que le pillen, porque da igual que estés mirando a un hombre que este a 10 metros rodeado de gente y de espaldas a ti, en cuanto le mires notará el golpe de tu mirada en su nuca, se girará y te mirará con cara de llevar varios días siguiendo una dieta a base de limones y cabezas de ajo. Pues es en este momento cuando ya te has aprendido media línea de metro cuando, entra alguien con un libro, revista, panfleto y se sienta a tu lado.

Una vez mas demostrando que el metro nos hace desarrollar instintos animales, todo el mundo hace lo mismo: Estira un poco el cuello y  a leer lo que pone la revista de nuestro vecino de sitio. Decir que esto es mucho más cómodo cuando el lector se sitúa delante nuestro estando los dos de pié y siendo más bajito que nosotros, esto nos da un ángulo perfecto y además nos convertimos en elementos decorativos porque nuestra que cabeza, que sale directamente de su hombro, le da un aire pirata con el mono al hombro bastante interesante.

Cuando pasa esto se dan varios casos:

Está leyendo algo que parece interesante.

En este caso nunca podremos leer bien. O el ángulo de la revista nos hará coger posturas imposibles, o será un periódico y el peso hace que media hoja cuelgue, o al lector le sale el instinto de «empollón de clase» y se comienza a tapar como si fueras a plagiar el periódico. Después de esto uno se pasa la mañana buscando el mismo periódico para ver como seguía.

Está leyendo algo que no nos importa en absoluto.

Ahora si, la visión es perfecta, además el amable lector viendo nuestros esfuerzos parece que quiere colocar su lectura en medio de los dos (cuando no quiere comentarla). Cuando esto pasa uno sigue leyendo como si le fuera la vida y se dan situaciones como tíos leyendo el Cosmopolitan artículos «Como hacer feliz a un hombre» y a chicas leyendo la clasificación de las ligas territoriales de jockey patines.

Está leyendo algo que no tiene fotos.

Para los lectores de «sobrehombro» esto no supone un problema, yo he leído páginas de libros, sin tener ni idea del libro que era y a mitad de conversaciones. Esto se puede tomar como un entrenamiento, cuando uno alcanza el nivel de poder leer libros así está preparado para leer cualquier otra cosa.

El consejo para los lectores de «sobrehombro» antes de entrar en el vagón, haz estiramientos de cuello que luego vienen las lesiones, sitúate hacia el centro del vagón donde tengas buena visión de los que entren y sitúate cerca de los lectores de periódico y disimula, por favor, disimula un poco, recuerda ante todo dignidad.

Pero ahora más que nunca, el lector de «sobrehombro» está en peligro.

Cada vez hay más periódicos gratuitos y más gente que los distribuye. Esta sería la escena un lunes por la mañana, me acerco a la entrada del metro y primero está la del 20minutos, después viene la del Gol, que tengo que acordarme de colocarlo delante del 20minutos para que no se vea mucho la chica semidesnuda que viene en la contraportada. A medio colocar viene la del periódico metro y me coloca encima de los dos mientras que con la otra mano me da un suplemento de publicidad con la chica del anuncio del corte ingles. Mientras pienso que me da mas apuro que se vea se acerca la del crack10 y amablemente me pone el diario entre el la patilla de la gafa y el ojo, a todo esto yo llevo una mochila en una mano, un libro en la otra, con la otra aguanto los periódicos y con la que me queda voy buscando la cartera para validar el ticket de transporte. Gracias a mi malformación congénita de tener cuatro brazo que si no… Además es tanta la oferta de periódicos gratuitos que uno ya se acostumbra a coger todo lo que te ofrecen en la puerta del metro, no hace mucho un hombre me paró en la entrada del metro para preguntarme algo y le acabé quitando «El País».

Pues de esta guisa, como si fueras a montar una hemeroteca privada, uno entra al metro y se pone a leer entre anuncios las noticias y se pierde todo el encanto, porque todo el mundo tiene sus cuatro periódicos, los mas experimentados los desmontan todos y se hacen un diario de cien paginas.

Lo mejor que me puede pasar es esto: Voy con la mochila en una mano, los 4 periódicos en la otra mi libro bajo el brazo, la cartera a medio caerse en el bolsillo, un auricular caído sobre el hombro, delante mío un hombre leyendo «El Mundo» a todo lo que da el periódico de ancho tapándome la visión. A los dos lados dos colegiales repasando los apuntes y por detrás el obrero que dándose cuenta de que no se puede leer con el periódico a tres centímetros de los ojos decide hacer un canuto con el y ir dando golpecitos a todo el mundo, es en estos momentos en que en la tranquilidad que le da a uno disfrutar de sus veinte centímetros cuadrados de intimidad cuando me planteo comprarme una bici y lo siguiente que lea sean los carteles de obras.

Deja un comentario

Comments (

0

)