Pericarditis

En vista de que últimamente me estoy convirtiendo en un asiduo a los médicos y hay previsión de que la cosa «mejore» en breve, he estado haciendo memoria de una experiencia de esas que nunca se olvidan.

La gente normal se resfría a menudo y no pasa nada, el mundo sigue girando en ignorancia de nuestros mocos, pero en mi caso no podía ser normal no, ya que me resfrío a ser posible que me juegue la vida.

El caso es que después de dos días de resfriado, hace ya algunos años, me empezó a doler el pecho, al principio era un dolor de esos que apenas se deja notar, de los tímidos. Pero como iba a más mi madre fue al medico, ahora que pienso ya hace años ya, y para tranquilizarla le dijo algo así:

  • El dolor que me describe puede ser un síntoma de problemas en el corazón llévelo a Chafarinas.

Esto en la mente de una madre se traduce en algo así como «Su hijo se muere si no lo lleva a Chafarinas.» Por cierto que Chafarinas es un ambulatorio y no la isla esa donde se matan los militares.

El caso es que cuando llego mi madre a casa, estaba yo con mis magdalenas y le digo:

  • Me acabo de tomar la temperatura y tengo fiebre estoy casi 38 así que…
  •  Da igual nos vamos a Chafarinas
  •  ¿donde los militares?
  • NO estoy para bromas, es posible que tengas algo de corazón.
  •  Algo de corazón tengo, tengo sentimientos… – y yo y mis magdalenas salimos corriendo.

El caso es que acabamos en Chafarinas a las 11.00 de la mañana, ese día adiviné que la sala espera había sido un antiguo frigorífico para guardar reses muertas, creo que algunos nazis en Stalingrado pasaron menos frío.

Bueno pues pese a llevar un papelillo donde ponía un «Urgente» bastante claro para haberlo escrito un medico, me cogieron cuando la fiebre empezaba a subir como decimos en Cataluña «de valent».

El caso es que me hacen un electrocardiograma y el médico nos dice:

  • Miren veo algo anormal pero prefiero no decirles nada, váyanse a urgencias a Vall d’Hebron.

Estábamos en un punto que si le hubieran pedido a mi madre que tenía que tomar la playa de Normandía ella sola, la toma y construye un aparta-hotel.

Así que cogimos un taxi y llegamos a Valle Hebrón en un estado lamentable, yo tenía la estabilidad de un elefante montado en monociclo, medio por la fiebre medio por los nervios temblaba, más que temblaba me sacudía.

Nunca agradeceré suficiente la saturación de la sanidad pública…

Cuando llegamos estaba que ponía en ebullición las patillas de las gafas, así que me tumbaron en una camilla y me colocaron en… EN EL PASILLO DE LAS AMBULACIAS QUE DABA A LA CALLE. Cuando te venga un tío con fiebre lo mejor es que lo pongas en el sitio de más corriente.

Bueno pues allí estaba yo disfrutando de mis alucinaciones, de mis perdidas de consciencia.

En un momento salió una enfermera y echo a todo el mundo de mi pasillo, pero viendo que yo no podía dar un paso me dijo:

  • ¿Te molestan los muertos?
  •  Suelen ser tíos callaos, no molestan mucho
  •  Es que van a sacar a un muerto
  •  Tienen mi bendición
  •  Y tendrá que estar a tu lado un momento
  •  No hay problema, seguro que algo de calor me dará.

Así que sacaron el muerto tapado por una sabana, lo pusieron paralelo a mi camilla. Le llegan a bajar la sabana y habrían dudado de quien era el fiambre.

Momentos después de llevarse el muerto, sale la enfermera y dice ahora ya está libre el cardiólogo, que tranquilidad…

A todo esto y que no se me olvide solo habían pasado unas 14 horas, y al final sigo vivo (por si había alguna duda) y todo fue una pericarditis que se cura tomándose una aspirina cada 6 horas durante una semana.

A la semana siguiente me hice un seguro medico privado.

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